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EL IMPERDIBLE

El Penal más largo del mundo

Por Héctor Gambini para el diario Clarín.

Martes 13 de Marzo de 2018

 Artículo extraido del diario Clarín - Por Héctor Gambini

Si usted quiere matar a alguien rételo a un duelo. Nombre padrinos, cuente diez pasos y listo. Si lo consigue, la ley argentina lo castigará con un máximo de 4 años de prisión, la mitad del mínimo previsto para el homicidio. Esto está vigente ahora mismo en el Código Penal de la República Argentina. Eso sí, no les tire piedras a los tranvías en movimiento, porque los castigos podrían ser arrestos de cumplimiento efectivo. ¿Ya no hay tranvías? Qué suerte, porque esa pena también está vigente en el Código Penal.

El Penal más largo del mundo no es el cuento futbolero de Osvaldo Soriano sino el Código Penal argentino, promulgado en 1921. Ese año Charles Chaplin estrenaba su película El chico, Hitler se convertía en el líder del partido nazi alemán y en Buenos Aires inauguraban el Teatro Cervantes y nacía Astor Piazzola. El Código entró en vigencia al año siguiente, cuando gobernaba un presidente que ahora es una avenida (Alvear) Egipto se independizaba de Inglaterra y los arqueólogos hallaban la tumba de Tutankamón. Todo es historia, menos el Código Penal argentino. Pensado para los duelos con padrinos y la circulación de los tranvías, sigue regulando los castigos para los delitos que sufren los argentinos. Delitos que, sólo en los últimos 35 años, crecieron diez veces más que la población.

En sus 97 años de vida, hubo 17 intentos para cambiarlo y más de 900 parches para actualizarlo, pero el Penal más largo del mundo sigue ahí, vivito y coleando. Ahora un grupo de juristas que trabaja en silencio desde hace un año en el piso 11 del Ministerio de Justicia irá por el intento número 18, ¿la decimoctava será la vencida?

El proyecto estará listo en mayo -¿quizá el 25?-, cuando el presidente de la comisión -el camarista de Casación Mariano Borinsky- lo presente al Gobierno. No habrá sorpresas porque el ministro Garavano lo espera para sumarlo a su reforma procesal y penitenciaria y los ministerios de Seguridad y de Desarrollo Social han estado haciendo llegar sus opiniones: la seguridad va atada en parte a la situación social.

Otra parte es la amarga comprobación de que lo peor del delito trasnacional ya hace rato se instaló entre nosotros y aumenta la frecuencia de alertas rojas: sólo entre el viernes y el domingo aparecieron cinco cuerpos calcinados por venganzas entre bandas. Tres en Retiro -uno de ellos pertenecía a un nene de unos 10 años- y dos en Lanús. El nuevo Código Penal tiene que ser flexible para bajar a la realidad de la calle, y contemplar tanto las nuevas formas del horror como los delitos informáticos y deportivos que ni siquiera imaginaban en los tiempos en que descubrían a Tutankamón. También darles a las víctimas un espacio que no tuvieron en un siglo.

Los juristas saben, sin embargo, que no basta escribir las cosas en un libro para solucionarlas. Los delitos no bajaron porque se hayan endurecido las penas durante la fiebre espasmódica del caso Blumberg, en uno de esos parches tan característicos de nuestra indignación pendular. En algunas leyes especiales, aún rigen las multas en australes.

Pero sí hay espacio -un campo enorme- donde trabajar la letra de la ley para acotarla, cercarla, precisarla. Para este delito hay este castigo, muchachos. Y para el castigado esta pena, que se cumple de esta manera. Punto. Cerrar el margen para evitar que idéntico hecho tenga una pena y un cumplimiento para unos jueces y otra pena con diferente cumplimiento para otros. Parece fácil, pero es una tarea titánica. Por eso el policía Chocobar fue procesado en la misma secuencia donde otros jueces lo hubieran sobreseído. Por eso el nuevo Código prohibirá la libertad condicional para los reincidentes y para los condenados por delitos graves. ¿Qué? ¿Ahora quedan libres antes de tiempo? Adivine la respuesta.

En la ley argentina, nada más difícil que hacer las cosas fáciles.

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