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EL IMPERDIBLE

La inflación le gana la batalla del miedo a la inseguridad

Por Fernando Gonzalez, para diario Clarín.

Lunes 12 de Febrero de 2018

Artículo extraído del diario Clarín - Por Fernando Gonzalez.

La inflación ha vuelto a ocupar un espacio desagradable en la cabeza de los argentinos. Lo reconocen los economistas, lo temen los empresarios y los sindicalistas, lo admiten en el Gobierno y lo certifican las encuestas. Por primera vez en mucho tiempo, la suba de los precios le pelea un lugar de privilegio a la inseguridad, el otro demonio con el que convive el país adolescente.

Y eso sucede a pesar de que la inflación esté bajando. Ya no está en los niveles de 2016, cuando se acercó al 40% anual, ni en los de los años anteriores, cuando se había acostumbrado a estar por encima del 30%. El Gobierno sufre este año para ver si logra que el costo de vida punta a punta no sobrepase el 20%. No será fácil. Como ha señalado Gustavo Bazzan ayer en Clarín, la suba del dólar de las últimas semanas (casi un 7% entre lo que va de enero y febrero) le sumará otros tres puntos a la inflación anual. En ese escenario, el 15% con que la Casa Rosada quiere congelar los aumentos salariales de las paritarias transita el camino de las utopías. Cláusula gatillo o cláusula de revisión, alguna herramienta va a ser necesaria para ubicarse más cerca de la realidad.

Hace una semana, una encuesta de Management & Fit colocaba a la inflación ya superando directamente a la inseguridad como principal preocupación de los argentinos. Y algo parecido sucede con el sondeo de humor social que realiza el Grupo de Opinión Pública en este mes. Ubica a las dos variables casi en igualdad de condiciones. Es un fenómeno que no sucedía desde junio de 2016 y que revela el sobresalto que el aumento del costo de vida genera en la percepción ciudadana. Ese cambio habla del miedo al futuro, una sensación incómoda e inconveniente para el tablero de estrategia de los dirigentes políticos del oficialismo.

El mismo sondeo señala que entre los argentinos creció fuerte el temor al riesgo económico general y el de su economía personal. Y hay otro dato ilustrativo que surge de una pregunta inquietante. Cuando se consulta como está la situación económica respecto de un año atrás, la respuesta mayoritaria ha vuelto a ser "peor". Esa percepción había cambiado en octubre pasado, en las semanas previas y posteriores a las elecciones que alumbraron el triunfo legislativo de Cambiemos. Pero sólo duró un mes. En noviembre recuperó la tendencia negativa que se profundizó en estos meses del verano.

Al gobierno de Mauricio Macri le cuesta la batalla contra lo que los economistas llaman el "núcleo duro" de la inflación. El big stick que Federico Sturzenegger aplicó durante dos años desde el Banco Central tuvo su agonía a fin del año pasado. Pero tampoco está siendo fácil hallar una solución de corto plazo con el relajamiento de las metas de inflación que tiene como padres a los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Finanzas, Luis Caputo. Como si eso fuera poco, apareció el más temido de los cisnes negros que vuelan en las pesadillas del Gobierno: el repunte de las tasas en EE.UU., que alimentó la suba del dólar y aquí agitó enseguida al fantasma inflacionario.

Las consultas internas a los economistas que tiene el Gobierno se multiplican. Y lo mismo sucede con algunos de los colegas que están cerca. Las palabras de Miguel Bein y Martín Redrado son muy tenidas en cuenta en la Casa Rosada. Sobre todo el Golden Boy, que ya ha pasado los 50 pero que fue presidente del Banco Central en la época brava de los Kirchner y quien salió airoso en aquellos tiempos de una pulseada con los mercados después de correrlos con las reservas. "Es muy importante que empiecen a converger la tasa de devaluación y la de inflación", está aconsejando Redrado en estos días. Y alerta sobre el riesgo de una política "muy tímida" desde la banca pública para evitar la escapada del dólar. No fue casual entonces que el Banco Nación saliera a jugar 400 millones de dólares en el atardecer del viernes para evitar que el dólar se disparara por sobre la barrera psicológica de los 20 pesos.

El equipo económico le sigue transmitiendo señales de tranquilidad a Macri. Le dicen que la Argentina va a seguir creciendo al ritmo del 3% y que la inversión extranjera directa va a continuar mejorando (el año pasado subió el 11%). Pero el rubro que más preocupa al Presidente, y al resto de los argentinos, es la acumulación de aumentos entre tarifas de servicios públicos, impuestos inmobiliarios y precios influyentes como el de la nafta. "Los aumentos se terminan antes de mitad de año", explican, dando a entender que la inflación va a tener un segundo semestre con tendencia hacia la baja.

El objetivo primordial es que la inflación deje de ocupar ese lugar tan preponderante entre las preocupaciones de los argentinos que señalan las encuestas. Y el plan inmediato es que los aumentos de estos meses pasen lo más rápido posible. "No queremos hablar de una mejora en el segundo semestre porque se nos van a cagar de risa en la cara", dice un legislador que se llevó el menú del optimismo de un encuentro reservado a mitad de semana en la Casa Rosada que incluyó al Presidente.

Y la verdad es que hacen bien porque aquella promesa fallida del segundo semestre en el comienzo de la gestión Macri se convirtió en el primer y el más célebre resbalón de las muchas patinadas que vinieron después. 

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