Suscribite a la newsletter
Revisá tu correo electrónico para confirmar tu subscripción
Editorial del 13 de noviembre de 2017

Lo peor que nos puede pasar a los periodistas es caer en esta horrible costumbre de volverte policía político, empezar a señalar a tal porque piensa de tal modo

No me gusta ni la caza de brujas, ni la policía política, ni el macartismo. Aún proveniendo de mis más queridos amigos.

Lunes 13 de Noviembre de 2017
Audio

 El sábado se entregaron los Martín Fierro a la radio.

El tema se ha vuelto una suerte de caja de resonancia de situaciones complicadas por las que atraviesa la Argentina y sus medios de comunicación.

Los Martín Fierro son un reconocimiento y un estímulo. Un estímulo para los que ganan y para los que pierden, o perdemos.

En su condición de reconocimiento es obvio que el criterio con el cual APTRA otorga los Martín Fierro no está relacionado con el rating.

Obviamente que intervienen un conjunto de criterios para elegir al ganador de una terna. El rating será un elemento más.

Si así fuera el Martín Fierro sería un embole.

Está muy bien que así sea porque el Martín Fierro tiene la idea de estimular a una industria.

Está bárbaro que haya muchos premiados, inclusive de radios nuevas.

Como parte de este programa me tocó perder contra dos tipos de mucho nivel. Uno es Ernesto Tenembaum. Es pública mi admiración por su trabajo.

Y Luis Novaresio ganó tanto por su programa en Radio La Red como el Martín Fierro de Oro. Fue un honor para mi entregarle el Martín Fierro de Oro.

También es cierto que hubo algunos premios algo inapropiados.

Hubo tres o cuatro premios que resultaron un poco raros, pero es parte de las reglas de juego.

Dicho esto, los Martín Fierro se han vuelto una caja de resonancia como consecuencia de que hay varias radios en la Argentina y algunos medios de comunicación que están atravesando momentos muy complicados.

También es cierto que la celebración de los Martín Fierro se volvió una caja de resonancia algo incentivada por el canal que transmitía los premios, por América.

Me llamó la atención que desde que llegué a la puerta de La Rural hasta que llegué a la mesa que nos tocó, varios cronistas de América me preguntaban qué opina del problema de Tinelli con Cristóbal López.

Había un ambiente que está empujando a la controversia, tal vez por intereses de los medios. Yo no estaba cómodo con esa pregunta.

Esa caja de resonancia estuvo muy bien explicada por Fernando Bravo. Él fue premiado por su trayectoria.

Dio un discurso muy apropiado, muy correcto.

Yo empecé muy jovencito en Radio Del Plata. Yo era muy nuevo y convivía con unos monstruos ya importantes. Biasatti, Jorge Guinzburg y Fernando Bravo. Mi primer pase fue con Fernando Bravo. Yo aprendí mucho con él.

Me toca mañana recibir el Konex por la década en la radio que se lo gané a él.

Bravo dio una clave, que es los que compran medios para hacer política.

Si abrimos el espectro encontramos que hay varias radios y medios que están con inconvenientes. Una es Radio Del Plata que fue comprada por Electroingeniería. Radio América que está cerrada, que fue vaciada por Spolsky. Radio Rivadavia está quebrada.

Y por supuesto está este gran debate respecto de los medios del grupo Indalo que incluye a Radio 10, C5N, Ámbito Financiero.

No se puede descontextualizar el asunto.

Joaquín Morales Solá describió el estado de cosas con mucha precisión porque detrás del problema de los medios hay un problema mucho más grave, con el caso de Indalo en particular que tiene que ver no solamente con que los medios fueron comprados para hacer política, sino que fueron comprados con plata robada a los contribuyentes.

La historia de la construcción de imperios mediáticos con la política, que no es nueva. Pasó desde Radio Rivadavia con los radicales hasta el grupo Telefé en la época de Menem.

Acá se abren tres alternativas frente a esta historia. la primera es inviable, que es que el Estado se haga cargo de la cuestión bajo el argumento de que hay que proteger la diversidad de opiniones. Los argentinos ya pagamos por esto porque fue adquirido con dinero espureo, robado al Estado.

Quedan dos posibilidades, una es que estos medios se caigan. Y otra es que alguien se haga cargo.

Sobre esto hay complicaciones legales, hay jueces federales que intervienen, bienes inhibidos... En cuanto a los medios es bastante obvio el interés de Daniel Vila y de Jorge Fontevechia. Ellos pretenden quedarse con los medios sin pagar nada a cambio de hacerse cargo el pasivo con la AFIP.

Con independencia de cómo termine esta discusión está pasando algo peor, que es en qué ha derivado esta discusión. Ayer Federico Andahazi planteaba en el programa de Luis Majul que uno no puede ser de Corea del Centro. tenés que ser de Corea del Norte o Corea del Sur. Y que esta pobre chica que leyó una especie de texto en un teléfono en una escena bastante bizarra, era una sicaria de Sietecase.

Ernesto Tenembaun que estaba allí y miraba la escena bastante asombrado, dijo cómo sicaria, será alguien que no piensa como vos.

Me da la impresión que en esta discusión empieza a haber de parte de algunas personas de la envergadura intelectural de Federico Andahazi o del nivel de Luis Majul, gente que empieza con una cuestión bastante macartista. Esta mañana en El Cronista Luis Majul objeta el punto de vista intermedio de Jorge Fontevechia cuando trata ciertos temas.

Me da la impresión que lo peor que nos puede pasar a los periodistas es caer en esta horrible costumbre de volverte policía político, empezar a señalar a tal porque piensa de tal modo.

Cada uno piensa como le parece.

Yo depende el día y frente a cuál tema se me ocurre tener posiciones más o menos cortantes sobre ciertos asuntos.

La otra cuestión que me impresionó un poco es que empieza a haber una cierta caza de brujas. Una cosa espantosa que atenta contra el espíritu de la libertad que tiene el periodismo como esencia en su laburo.

Cada uno tiene el derecho a decir lo que le parezca.

La tercera cuestión que no me gusta es el macartismo. El macartismo es una cosa de la que los periodistas somos víctimas, nunca victimarios.

Alfredo (Leuco) es un cabrón y expresó de mal modo lo que Lanata, Joaquín o el propio Bravo, habían dicho de un modo más apropiado.

Esta secuela, esta segunda instancia que empezó con este debate de a ver a cuál Corea pertenece cada uno, me resulta muy inapropiada porque violenta la esencia de la libertad. No me gusta ni la caza de brujas, ni la policía política, ni el macartismo. Aún proveniendo de mis más queridos amigos. 

RECOMENDADOS