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EL IMPERDIBLE

El peronismo le suelta la mano a Boudou como lo hizo con María Julia

Por Fernando González para el diario Clarín.

Lunes 6 de Noviembre de 2017

 Artículo extraido del diario Clarín - Por Fernando González

El peronismo, como la Argentina, siempre deja señales. Sólo hay que prestarles atención. Si Amado Boudou hubiera frenado por un minuto su existencia frenética se hubiera dado cuenta quien había pagado la condena más dura por los años de excesos del menemismo. Ningún peronista sufrió con la cárcel el festival de la corrupción ni las coimas de las privatizaciones. Porque el arresto domiciliario de seis meses que disfrutó Carlos Menem fue casi una broma. El símbolo del castigo a los alocados '90 fue para María Julia Alsogaray, la hija del ingeniero que había fundado la Ucedé, el pequeño partido que reivindicó al liberalismo pero que recién llegó al poder verdadero con ayuda peronista. Después de paladear las burbujas del champagne, de privatizar los teléfonos y prometer la limpieza del Riachuelo en 1.000 días que nunca llegaron, la señora Alsogaray terminó presa en una cárcel pequeña durante 22 meses. Después tuvo otros 19 meses de prisión domiciliaria. Y falleció casi en el anonimato, hace 44 días, de un cáncer de páncreas.

Los padecimientos de María Julia deberían haber sido un manual de aprendizaje para Boudou, quien hizo sus primeros escarceos en la política justamente en el partido patentado a mediados de los '80 por los Alsogaray. Porque el peronismo está muy lejos de preocuparse por su situación. No son casuales los rezongos y pataleos de Aníbal Fernández en las últimas horas o de Luis Delía, casi un extranjero para los muchachos del movimiento. Gritan desaforados contra el abandono peronista que sienten en estas horas bravas. Pero serán quejas en vano.

"Amado no es un preso político y mucho menos un mártir; que se deje de joder…", ilustra un compañero que supo compartir algunas jornadas de algarabía cuando sonaban los acordes rústicos de la Mancha de Rolando. Ni siquiera surte efecto el salvavidas del tuit de Cristina, quien hasta ahora resumió su defensa al módico esfuerzo de compartir en las redes una frase de la marca Unidad Ciudadana sobre el riesgo que estaría corriendo la democracia por el encarcelamiento de Boudou.

La respuesta tardó apenas veinticuatro horas y vino desde uno de los peronistas triunfadores en la elección amarilla del 22 de octubre. "La democracia no corre ningún riesgo", avisó el gobernador Sergio Uñac desde San Juan. Y lo mismo piensan Juan Manuel Urtubey, Juan Manzur y algunos otros mandatarios que están bastante más preocupados por revertir el impacto negativo en sus economías regionales que puedan tener las recientes medidas impositivas anunciadas por Mauricio Macri.

Es cierto que el peronismo, como otros sectores de la Argentina, ha quedado bajo estado de shock tras la detención del ex vicepresidente. Y que la imagen despeinada, en patas y en joguineta del hombre que les refregaba su poder hasta hace un par de años no deja de inquietarlos un poco. Pero, a la hora de juzgar algunos gestos de show que rodearon la detención de Boudou, los gobernadores del movimiento recelan mucho más de la interna de los jueces federales que del propio Gobierno.

Además, hay otra cuestión que el peronismo no olvida. Mucho más que los desplantes y el exhibicionismo de Boudou, les ha quedado grabado aquel jueves santo de 2012 cuando el entonces ministro de Economía, tras recibir los primeros planteos judiciales por el escándalo con la imprenta Ciccone, pidió en una conferencia de prensa transmitida casi en cadena nacional la renuncia del fiscal Carlos Rívolo; la del juez Daniel Rafecas y la del Procurador General de Justicia, Esteban Righi.

Tal era el poder del chico mimado de Cristina que los dos primeros tuvieron que dejar la investigación y el jefe de los fiscales debió renunciar. El "Bebe" Righi no era cualquier Procurador. Lo había designado Néstor Kirchner en 2005 atendiendo sus laureles peronistas de los '70. Había sido ministro del Interior de Héctor J Cámpora, y se ganó la fama de dirigente bravo cuando dio un discurso garantista ante la Policía Federal en una época signada por la violencia armada, la represión estatal y las balas fáciles. Boudou lo trató públicamente de lobbysta judicial y la ex presidenta lo echó veinticuatro horas después.

El peronismo sabe que la caída de Boudou no es gratis. "Nos pusieron una mochila llena de piedras en la espalda y nadie importante del movimiento va a salir a defenderlo", advierten desde la seguridad del anonimato. Sus principales dirigentes se preparan para el desafío que el lastre de Cristina y su listado de colaboradores presos le presentan a la necesidad de una renovación.

Hoy no están dadas las condiciones para que el peronismo acepte acompañar un eventual pedido de desafuero para Cristina, en caso de que avancen aún más sus infortunios judiciales. Pero estiman que la imagen abatida de Boudou con las esposas puestas les servirá para neutralizar cada vez más la influencia de la ex presidenta en el Senado y en la interna partidaria.

Boudou ya se había olvidado de los días juveniles en la Ucedé y se sabía de memoria la marcha peronista. Sonreía como Gardel y hacía la V triunfalista del movimiento con los deditos cada vez que le sacaban una foto. Pero la simbología no es suficiente y quedará para la crueldad de los memes en internet. Ahora que está en la cárcel, el peronismo no quiere saber nada del galán marplatense caído en desgracia. Como le pasó a María Julia con el menemismo, deberá batallar en soledad para poder volver a respirar pronto el aire de los hombres libres.

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