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EL IMPERDIBLE

El discurso inaugural del primer gobierno macrista

Por Claudio Jacquelin para el diario La Nación.

Martes 31 de Octubre de 2017

 Artículo extraido del diario La Nación - Por Claudio Jacquelin

Sólo debieron pasar ocho días para constatar que Mauricio Macri obtuvo muchísimo más poder en las últimas elecciones legislativas que el que mostraron los números estrictos del escrutinio y las bancas obtenidas en el Congreso nacional, que aún mantendrán en minoría al oficialismo.

Ayer comenzó el verdadero primer gobierno macrista y concluyó la transición iniciada el 10 de diciembre de 2015.

Un hecho previo al discurso inaugural de ayer sirvió para ilustrar el cambio de era. Faltaban menos de dos horas para que el Presidente les comunicara a la dirigencia política con representación en el Parlamentaria y las provincias, a los empresarios y a los sindicalistas sus planes, en forma de contrato de adhesión cuando se conoció que había caído la piedra en el zapato que tenía en la Justicia para avanzar en algunas causas o para alcanzar la demorada reforma judicial. Sin previo aviso, la procuradora general Alejandra Gils Carbó le presentó al ministro Germán Garavano su renuncia. Arranque de semana con póquer de ases.

Desde que asumió la presidencia, y a pesar del reclamo casi unánime, que incluía a la Iglesia local animada por el mismísimo Francisco, Macri siempre se había negado a reunir en un mismo ámbito a los representantes de la política, las empresas y los sindicatos para estructurar una mesa de diálogo y llegar a algún tipo de pacto económico-social.

Es cierto que lo ocurrido ayer en el Centro Cultural Kirchner (vaya ironía) en nada se parece a una mesa de diálogo. El mensaje fue unidireccional. Hubo una sola y contundente voz: la del Presidente, que en 44 minutos, sin interrupciones, bajó los lineamientos de las reformas (permanentes) que pretende concretar en la segunda parte de su (primer) mandato.

Delineó los ejes de lo que pretende hacer y lo hizo con una firmeza y una seriedad poco usuales, con tono de asamblea legislativa y filosos e incómodos ejemplos de lo que, a su juicio, los sectores ahí representados hacen en beneficio propio y en perjuicio de la mayoría. No dio ni siquiera lugar a su habitual veta humorística. Para que nadie dudara: fue un discurso fundacional.

Su presencia en una reunión con todos los que aún retienen alguna cuota de poder real en la Argentina es una foto para la que se había negado a posar hasta ayer. Su argumento era contundente e infranqueable: "Cuando no tenés suficiente poder si los juntás a todos, ninguno te va a venir a dar nada, sino a pedir más. Al final, sólo ven una señal de debilidad", decía Macri a quienes le reprochaban su renuencia a intentar un acuerdo para afrontar las debilidades económicas, financieras y políticas que tenía su gobierno.

Es lo que cambió el triunfo de su fuerza en más del 60% del territorio nacional, con la cosecha de casi el 42% por ciento de votos en todo el país y con la victoria en más de la mitad de las provincias y casi todas las capitales argentinas. Macri lo resumió y consagró en una frase: "Los argentinos maduramos".

Sobre la base de ese poder dejó claro que los vectores de su propuesta no son negociables. "Debemos ceder algo para que gane el conjunto", "detrás del miedo al cambio hay una mirada reaccionaria y conservadora", "no hay excusas para no animarse". Argumentos que dejan poco lugar para la discusión, mucho más si la propuesta se presenta como el camino para reducir la pobreza. Así lo dijo Macri.

Los ejes resumidos en la liberación del potencial económico (reducir el déficit fiscal, bajar la inflación y equilibrar la carga impositiva), la creación de empleo y la mejora de la calidad institucional (incluida la lucha contra la corrupción) interpelaron a todos los sectores presentes.

La ineficiencia del Estado (tanto nacional como en sus versiones subnacionales), el costo de la política, la evasión fiscal, las prebendas de las que gozan sectores empresariales, los privilegios sindicales y la corrupción que atraviesa a todos estuvieron en el meollo de lo que les enrostró severamente Macri a los asistentes. Un pavimento consistente como para hacer rodar los acuerdos y limar resistencias.

En el fondo de ese discurso subyace la idea de que la democracia recuperada hace 34 años sigue en deuda tanto en lo económico como en lo institucional. Idea que en el oficialismo consideran compartida por gran parte de la sociedad y que saldarla fue el mandato recibido de las urnas hace nueve días.

Podrá concluirse que no hubo demasiados detalles de los proyectos en marcha y justificarlo con que no era el lugar para hacerlos, pero el discurso inaugural del primer gobierno macrista fue lo suficientemente explícito en muchos temas, como para que todos fueran ajustándose los cinturones.

El avión presidencial se apresta a levantar vuelo con el tanque de combustible que acaba de llenarle el resultado electoral y el piloto demostró que no está dispuesto a tolerar demoras.

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