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EL IMPERDIBLE

El resultado de la elección muestra que Alemania dejó de ser la excepción

Por Gideon Rachman para Financial Times vía El Cronista.

Martes 26 de Septiembre de 2017

Artículo extraido de El Cronista - Por Gideon Rachman para Financial Times 

Durante el año pasado, mientras el huracán del populismo político golpeaba Occidente, Alemania seguía siendo una isla de calma. El pueblo de Estados Unidos eligió a Donald Trump; Gran Bretaña se precipitó hacia el Brexit; François Hollande era demasiado impopular para presentarse para la reelección como presidente de Francia. Por el contrario, Angela Merkel se dirigía con total tranquilidad hacia un cuarto mandato como canciller alemana.

Entre las naciones occidentales más grandes, sólo Alemania parecía tener un liderazgo fuerte y estable.

Las elecciones del fin de semana aseguran que Merkel definitivamente se garantizó otro período en el cargo.

Sin embargo, se produjo otro acontecimiento menos cómodo: Alemania perdió su inmunidad al populismo enojado anti-establishment. Eso afecta seriamente la capacidad de la canciller de desempeñar el papel de "líder del mundo occidental", un título que muchos le asignan desde la victoria electoral de Trump.

Lo que dejaron estas elecciones germanas claramente es el surgimiento de la derecha nacionalista de la mano de Alternativa para Alemania (AfD), que obtuvo más del 13% de los votos y será el tercer bloque más grande del parlamento con más de 90 miembros.

Sigmar Gabriel, el ministro de Asuntos Externos de Alemania, afirmó que con AfD en el parlamento "tendremos verdaderos nazis en el Reichstag alemán por primera vez desde que terminó la segunda guerra mundial".

La mayoría de los analistas no llega tan lejos. Pero otros políticos de la derecha extrema en Europa definitivamente consideran a AfD como un partido hermano. Marine Le Pen, líder del Frente Nacional de Francia, salió rápidamente a felicitar al partido alemán por su éxito electoral.

El avance de AfD forma parte de una mayor contracción del centro político. Los principales partidos de centro los demócratas cristianos de la canciller y los socialdemócratas de la centroizquierda tuvieron los peores resultados desde 1949. Con el partido de extrema izquierda, Die Linke, con sólo 9% de los sufragios, más de uno de cada cinco alemanes apoyaron a partidos populistas anti-establishment.

Ese nivel de respaldo populista todavía está muy por debajo de la proporción sustancial de votantes que convirtieron a Trump en presidente, que habilitaron el Brexit y que optaron por candidatos de extrema derecha o extrema izquierda en la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas.

Sin embargo, el sólido desempeño de los populistas, en particular AfD, pone fin a la ingenua esperanza de que debido al "peso de la historia" Alemania es inmune al extremismo.

Por el contrario, a varios observadores de Alemania les sorprendió el trasfondo de furia anti-establishment que quedó al descubierto durante la campaña electoral. En muchos de sus actos proselitistas, Merkel recibió fuertes abucheos y silbatinas, algo nuevo en la política alemana.

La AfD se fue radicalizando con el paso del tiempo. El grupo originalmente surgió como un "partido de profesores" compuesto por intelectuales conservadores enojados por la participación de Alemania en los rescates financieros de la eurozona. Pero la crisis de refugiados de 2015, en la que más de 1 millón de personas mayormente musulmanes que buscaban asilo ingresaron a Alemania, le dio a AfD la oportunidad de reconvertirse en un partido anti inmigración.

Más recientemente, AfD empezó a jugar con material más incendiario en la política alemana: recurrió a la historia nazi del país. Alexiander Gauland, otro líder del partido, dijo que los alemanes tienen el derecho a estar orgullosos de sus soldados que participaron de ambas guerras mundiales. En emails que se filtraron, Alice Weidel, la otra candidata principal, describió al gobierno alemán como "títeres de las potencias victoriosas de la segunda guerra mundial".

La presencia del partido nacionalista de derecha en el Bundestag cambiará el tono de la política germana. Podría también complicar la manera en que Alemania interactúa con el resto de Europa, ya que ejercerá presión sobre el gobierno para que asuma posiciones más nacionalistas.

Alemania ya mantiene relaciones muy difíciles con Turquía y Polonia. Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco, acusó al gobierna germano de aplicar "prácticas nazis" al haber bloqueado actos políticos turcos en suelo alemán. El ministro de Asuntos Externos polaco sugirió que Alemania debería pagar a su país hasta u$s 1 billón por las reparaciones vinculadas con la segunda guerra mundial. Será más difícil ignorar los insultos provenientes del extranjero con un bloque nacionalista en el parlamento que exige al gobierno que defienda a Alemania. Eso también crea el peligro de que las relaciones entre las naciones europeas tomen un tono cada vez más hostil.

Las esperanzas puestas en una integración europea más profunda que contrarreste la marea nacionalista y mejore el mecanismo de la Unión Europea también podrían quedar en suspenso.

El gobierno francés esperaba que en su cuarto mandato Merkel tomara medidas más audaces apuntadas a la integración de la eurozona. Emmanuel Macron, el presidente de Francia, tiene la intención de exponer sus ideas durante un discurso que pronunciará en unos pocos días.

Pero el nuevo paisaje político en Alemania hará que sea más difícil para Merkel responder positivamente a las propuestas de Francia.

El surgimiento del populismo recalca el hecho de que muchos trabajadores alemanes sienten que su estándar de vida se está deteriorando, lo que complicará aún más al gobierno encontrar un argumento válido para ser generosos con el sur de Europa.

La necesidad de incorporar miembros del Partido Democrático Libre (FDP) a la nueva coalición de gobierno también hará que sea más difícil hacer concesiones a Francia. El FDP, cuyos miembros en un momento eran defensores de la integración europea, ahora se convirtió en un partido fuertemente euroescéptico.

Ser elegida para ocupar por cuarto mandato la cancillería del país es un triunfo personal de Merkel. Sin embargo, ella pagó el precio por las políticas que aplicó en cuanto a los refugiados y al euro.

Alemania ahora se parece más a un país occidental "normal". Y eso, irónicamente, no es algo que sea bien recibido.

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